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#TaquillaStudio... "mother!"

En mayo fue lanzado el primer póster de mother! (¡madre! )–el más reciente filme de Darren Aronofsky–, realizado por el artista americano-taiwanés James Jean. Desde ese momento se sembraron grandes expectativas sobre la película. La imagen mostraba una ilustración de Jennifer Lawrence con un corazón ensangrentado en las manos, que prometía lo que veríamos meses después en la pantalla: una historia perturbadora e impecable.

 

 

Es muy difícil describir de qué se trata ¡madre!, es brutal drama de horror, cargado de simbolismos que produce una intensa experiencia más allá de sólo ser testigo de una simple ficción.

El escenario parece idílico: una casa hermosa, antigua, ubicada en medio de la nada y en proceso de restauración que alberga a una pareja decidida a alejarse de todo, buscando tranquilidad e inspiración. Madre (Jennifer Lawrence) es una esposa compasiva, que se dedica a reconstruir el espacio que habita junto a Él (Javier Bardem), escritor que intenta recobrar la creatividad para ponerla en función de las letras. A pesar de todo, es notorio que la relación no está en su mejor momento.

Una noche, su intimidad se ve interrumpida, primero, por un hombre (Ed Harris) que llega sorpresivamente y que tras una conversación es invitado a pasar la noche en casa; posteriormente por su mujer (Michelle Pfeiffer). A partir de este momento las cosas se irán tornando complejas, por decirlo de alguna manera.

¡madre! (sí, con minúscula y signos de admiración) contrapone diferentes fuerzas y energías comenzando desde luego, por el género. El macho alfa, el ego, el artista… Por otro lado, el instinto femenino, el hogar, el nido.

 

 

La cinta bien podría ser un ensayo sobre la creación, de esta sed de reconocimiento e impacto, de una arrogancia disfrazada de libre interpretación y sobre la relación entre el artista y su musa, sobre cómo “el artista” tiene un lado vampirezco que absorbe todo lo necesario para sus propios fines (no sobra decir que hay implícito en esto una clara referencia al El bebé de Rosemary).

El amor también juega un papel esencial: cómo en nombre del amor se hacen innumerables sacrificios, cómo se anteponen los intereses personales en función del otro, de su bienestar y éxito, y por el otro lado, cómo se pasa por encima de todo lo que sea necesario para conseguirlo, pero al final, todos estos elementos, invariablemente cobran una factura.

Aunque, como el mismo Darren lo ha declarado, es una alegoría a la Madre Tierra, dividida en el Antiguo y Nuevo Testamento, implícitos el mismísimo Dios, Adán, Eva y sus descendientes, Caín y Abel.

Aronofsky es muy preciso al elegir mostrarnos a Madre mayormente en tomas cerradas o desde su punto de vista para introducirnos en sus emociones . Este personaje demanda de una tremenda capacidad de interpretación para soportar todo el peso de la historia, que cumple cabalmente la actriz ganadora del Oscar, al igual que los excelentes Javier Bardem, Ed Harris, Michelle Pfeiffer, así como los hermanos Domhnall y Brian Gleeson.

Luego de que las decisiones de algunos personajes comienzan a teñirse de sinsentido, el tercer acto se convierte en una pesadilla apocalíptica cargada de imágenes perturbadoras que te conducen a una claustrofóbica tensión, y te llevan a numerosas preguntas que no podrán ser respondidas de manera inmediata.

 

 

Darren Aronofsky es un director que no suele quedarse a medias. Sus películas con frecuencia te llevan por diferentes estados, pone en juego tu propio juicio generalmente en situaciones límite. Es de esos directores que dejan en la mesa largos temas de conversación y profundos cuestionamientos. Esa es una de las tantas cosas fascinantes de esta película. Exige de tu atención, tu criterio e interpretación al mismo tiempo que te exprime hasta físicamente.

El director no titubea en plasmar la brutalidad de la naturaleza, su creación y destrucción, dejando que el espectador saque sus propias conclusiones.

Hacía tiempo que una película no polarizaba tanto la opinión pública y de la crítica, pero sea cual sea la postura, es una cinta de la que hay que hablar y mejor aún, experimentar; pero que quede claro que no será una visita casual y relajada al cine.

(Imagen vía Paramount Pictures)

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